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¿Cómo cotizan los valores?

13 Jun 2018

 

Sin ninguna duda, cada vez son más los valores que cotizan en los parqué y, por supuesto, más variados.

Sólo por dar algunas cifras que nos aproximen en cierta medida a lo que significa el volumen de intercambio que hoy en día se produce en las bolsas de valores, la Bolsa de Nueva York (NYSE) cuenta con un volumen anual de transacciones de 21 mil millones de dólares, con un valor de capitalización rondando los 18.4 billones de dólares, lo que representa aproximadamente el 30’24% del valor del mercado de las bolsas del mundo.

 

Desde que en 1602 se pusiera lo que se considera la primera bolsa del mundo, creada en Amberes, desde luego ha llovido mucho y has sido diversas las tendencias que han ido surgiendo.

 

Una de estas tendencias, que parece que cada vez está más presente es la de la cotización de los valores éticos. Son múltiples y diversos los estudios e informes que nos muestran el retorno que tienen las inversiones con criterios éticos, ESG (siglas en inglés de Medio Ambiente, Sociedad y Buen Gobierno), etc.; y también muchas las organizaciones que fomentan este tipo de inversiones. En España, por ejemplo, tenemos, entre otras, a Spainsif, Foro Español de Inversión Socialmente Responsable, que recientemente ha lanzado incluso un comparador de fondos de inversión sostenible.

Con todo esto, ahora entenderán que la pregunta que aparecía en el titular de estas líneas no se refería a cómo cotizan los valores bursátiles sino cómo cotizan los valores éticos. En definitiva, cómo cotiza la ética en los corros bursátiles.

 

Lo primero que creo que tiene su interés destacar es que, como no podía ser de otro modo, lo que en realidad cotiza no son los valores éticos en sí mismos, sino la gestión que con dichos criterios se lleva a cabo por las empresas. Es decir, no hay un mercado que nos indique si cotiza más hoy en día la justicia o la solidaridad, la libertad o la tolerancia. Lo cual no es mala cosa, pues imagínense las consecuencias de que esto existiera. Y, por otro lado, y creo que más relevante todavía, que lo que finalmente cotice sea cómo las empresas se gestionan en base a criterios éticos significa que la ética no es cosa de añadidos o florituras, sino realmente una herramienta de gestión. Y, como tal herramienta, lo realmente importante es ver cómo esta propuesta ética se integra en la estrategia de las empresas, haciendo de los valores éticos una verdadera apuesta estratégica.

 

Dicho esto, hoy nos encontramos, como ya ha ocurrido en otros momentos con temas similares y relacionados con el ámbito de la inversión ética o socialmente responsable, con una situación en la que pudiera parecer que ya todo el mundo, personas e instituciones, están poniendo su dinero en fondos que sólo invierten con estos criterios. Es decir, estamos sobreilusionados. Y es normal, la realidad es que a una gran mayoría de personas nos encantaría un mundo que tuviera a los valores éticos como sustento y eje clave de la toma de decisiones. Hoy podemos leer un gran número de titulares que reflejan esto: Los fondos de inversión éticos, los más seguros en materia de rentabilidad, el avance imparable de la inversión ética, etc.

 

Leer estas noticias, personalmente, son una gran alegría y me hacen ser muy positivo, pero, por favor, pongamos los pies en el suelo, pues es la única forma de diseñar y construir mejor el vuelo que estas cuestiones de los valores éticos necesitan para de verdad volver a hacer de la economía, y su principal agente la empresa, una herramienta cuya finalidad sea construir una mejor sociedad. Algo, que, por otro lado, nunca deberíamos haber perdido de vista. Con esa finalidad surgió la economía y es lo que necesitamos para pensar en una sociedad futura a la altura de las demandas del siglo XXI.

 

Digo esto porque no podemos dejar de lado otros titulares que, aunque no nos gustan, reflejan la realidad: invertir en alcohol, tabaco y casinos renta más que los fondos éticos.

Si, señores y señoras, los datos son estos: hay una tendencia clara que refleja el auge de poner en juego criterios éticos a la hora de invertir, pero aún queda muchísimo camino por recorrer, así que, por favor, prudencia y a seguir currando.

 

Esta misma situación me recuerda lo que ocurría antes de la última crisis que vivimos o estamos viviendo. Allá por el 2008 los mercados estaban llenos a rebosar de empresas que implantaban políticas de responsabilidad social, hacían memorias de sostenibilidad, informes de gobierno corporativo, etc. Pero de repente estalló la crisis y los que ya en esa época nos dedicábamos a integrar aspectos éticos en las empresas no podíamos dejar de preguntarnos ¿qué ha pasado? ¿Cómo ha podido estallar esta crisis, de raíz claramente ética en mi opinión, si parecía que todas las empresas se habían subido al carro de la RSE?

 

Aprendamos, por favor, algo de esta crisis y no volvamos a caer en la tentación de pensar que todo el monte es orégano. Es verdad que hay orégano en el monte y debemos celebrar cada vez que brota una nueva planta, pero seamos conscientes que todavía hay una gran parte del monte que está todavía por desbrozar y que si no lo hacemos difícilmente podremos ir regando para que sigan creciendo plantas nuevas que brillen más y mejor.

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Sobre mi

Más de 20 años ayudando a desarrollar organizaciones que apuestan por los valores y la responsabilidad social como aspectos clave para mejorar su sostenibilidad en el medio y largo plazo. 

Consultor, mentor y asesor de emprendedores, entidades sin ánimo de lucro y empresas que buscan generar un impacto positivo en la sociedad. 

Apasionado del uso de la innovación y la creatividad para dar respuesta a los retos que plantea el día a día de empresas y organizaciones.

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